Colectivo Cultural y Literario CLEPSIDRA.

Marzo, 2008

Sábado, 29 Marzo 2008 19:32:06 GMT

Tercera sesión taller- tema La Voz del Narrador.



Tipos de Narradores : narrador: quien cuenta la historia, sujeto de la enunciación.

a)Homodiégetico: es parte de la historia:

-Protagonista: cuenta su propia historia, en primera persona. Personalizado y subjetivo.

-Testigo: es un espectador del acontecer. En 1º persona, menos subjetivo.

-Monólogo interior: modo en el que se reproducen los pensamientos como surgen en la mente del personaje, debido a alguna situación límite que los obliga a dialogar consigo mismos.

b)Heterodiégetico: no forma parte del relato, 3º persona, mayor objetividad:

-Omnisciente: conoce todo respecto al mundo representado. Puede influir en el lector. Trata de ser objetivo .

-Objetivo: como una cámara de cine, no penetra en la siquis del personaje. Trata de ser objetivo.

*la objetividad total no existe en literatura .

Focalización : modo concreto del narrador para que la acción se perciba de una forma determinada. Grado de restricción de información . Ángulo específico del cual se percibe la acción.

-F. Cero: no hay restricciones en la entrega de información. Narrador omnisciente. Sabe más que los personajes.

-F. Interna: se narra a partir de la experiencia propia. Narrador protagonista. Conocimiento relativo y parcial. Puede ser fija: en un sólo focalizador; variable: cambia; múltiple: un hecho representado por varios focalizadores.

-F. Externa: visión externa del hecho. Objetivismo extremo. Sabe menos que lo personajes.


Lunes o Martes - Virginia Woolf

Perezosa e indiferente, sacudiendo con facilidad el espacio de sus alas, conocedora de su camino, pasa la garza sobre la iglesia, bajo el cielo. Blanco e indiferente, ensimismado, el cielo cubre y descubre sin cesar, se va y se queda. ¿Un lago? ¡Quítale las orillas! ¿Una montaña? Sí, perfecto, con el oro del sol en las laderas. Cae desde lo alto. Helechos o plumas blancas, siempre, siempre...

Deseando la verdad, esperándola, destilando laboriosamente unas pocas palabras, deseando siempre (se inicia un grito a la izquierda, otro a la derecha; ruedas golpean divergentes; omnibuses se conglomeran en conflicto), deseando siempre (el reloj asevera con doce claras campanadas que es mediodía; la luz vierte escamas de oro; niños se arremolinan), deseando siempre verdad. Roja es la cúpula; de los árboles cuelgan monedas; el humo sale lento de las chimeneas; ladrido, alarido, grito. «Compro metal»... ¿Y la verdad?

Como rayos orientados hacia un punto, pies de hombres, pies de mujeres, negros o con incrustaciones doradas (Esa niebla... ¿Azúcar? No, gracias... La commonwealth del futuro), la luz del fuego salta y deja roja la estancia, salvo las negras figuras y sus ojos brillantes, mientras descargan una camioneta fuera, la señorita Thingummy sorbe té en su mesa escritorio, y las vitrinas protegen abrigos de pieles.

Cacareada, leve cual hoja, rizada en los bordes, pasada por las ruedas, plateada, en casa o fuera de casa, reunida, esparcida, derrochada en diferentes platillos de la balanza, barrida, sumergida, desgarrada, hundida, ensamblada... ¿Y la verdad?

Recordar ahora junto al fuego del hogar la blanca plaza de mármol. De las profundidades de marfil se alzan palabras que vierten su negrura, florecen y penetran. El libro caído; en la llama, en el humo, en las perecederas chispas; o ya viajando, la bandera en la plaza de mármol, minaretes debajo y mares de la India, mientras los espacios azules corren y las estrellas brillan... ¿la verdad?, o bien, ¿satisfacción con su proximidad?

Perezosa e indiferente la garza regresa; el cielo cubre con un velo sus estrellas; las borra luego.


Los amantes Juan Rodolfo Wilcock.

Harux y Harix han decidido no levantarse más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que lo mejor es quedarse en la cama, lejos de los llamados del mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a veces suena interrumpiendo sus abrazos: son los parientes que llaman para saber si todo anda bien. Pero también estas llamadas telefónicas familiares se hacen cada vez más raras y lacónicas. Los amantes se levantan solamente para ir al baño, y no siempre; la cama está toda desarreglada, las sábanas gastadas, pero ellos no se dan cuenta, cada uno inmerso en la ola azul de los ojos del otro, sus miembros místicamente entrelazados.

La primera semana se alimentaron de galletitas, de las que se habían provisto abundantemente. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor, como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones.


Carlos Fuentes - Aura (Fragmento)

LEES ESE ANUNCIO: UNA OFERTA DE ESA NATURALEZA no se hace todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más. Distraído, dejas que la ceniza del cigarro caiga dentro de la taza de te que has estado bebiendo en este cafetín sucio y barato. tu releerás. Se solicita historiador joven. Ordenado. Escrupuloso. Conocedor de la lengua francesa. Conocimiento perfecto, coloquial.

Capaz de desempeñar labores de secretario. Juventud, conocimiento del francés, preferible si ha vivido en Francia algún tiempo. Tres mil pesos mensuales, comida y recamara cómoda, asoleada, apropiada estudio. Solo falta tu nombre. Solo falta que las letras más negras y llamativas del aviso informen: Felipe Montero. Se solicita Felipe Montero, antiguo becario en la Sorbona, historiador cargado de datos inútiles, acostumbrado a exhumar papeles amarillentos, profesor auxiliar en escuelas particulares, novecientos pesos mensuales. Pero si leyeras eso, sospecharías, lo tomarías a broma. Donceles 815. Acuda en persona. No hay teléfono. Recoges tu portafolio y dejas la propina. Piensas que otro historiador joven, en condiciones semejantes a las tuyas, ya ha leído ese mismo aviso, tornado la delantera, ocupado el puesto. Tratas de olvidar mientras caminas a la esquina. Esperas el autobús, enciendes un cigarrillo, repites en silencio las fechas que debes memorizar para que esos niños amodorrados te respeten. Tienes que prepararte. El autobús se acerca y tu estas observando las puntas de tus zapatos negros. Tienes que prepararte. Metes la mano en el bolsillo, juegas con las monedas de cobre, por fin escoges treinta centavos, los aprietas con el puno y alargas el brazo para tomar firmemente el barrote de fierro del camión que nunca Vivirás ese día, idéntico a los demás, y no volverás a recordarlo sino al día siguiente, cuando te sientes de nuevo en la mesa del cafetín, pidas el des-ayuno y abras el periódico. Al llegar a la pagina de anuncios, allí estarán, otra vez, esas letras destacadas: historiador joven. Nadie acudió ayer. Leerás el anuncio. Te detendrás en el último renglón: cuatro mil pesos.




En: Taller: Conversación y Creación
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Martes, 25 Marzo 2008 20:50:57 GMT

Recordando al Poeta Visual: Guillermo Deisler (1940-1995)

deisler


Podemos señalar a Deisler como un precursor y motivador ferviente del arte y cultura, gran poeta visual, creador de imágenes, capaz de dar al lenguaje dimensiones cognoscitivas y emocionales, que van más allá de la mera significación


Guillermo Deisler, uno de los más interesantes artistas plásticos de Chile, nació en la Región Metropolitana el año 1940, ganó Medalla de Bronce en escultura, en el Salón Nacional de Bellas Artes de Santiago y poseen obras suyas en el Museo de Arte Contemporáneo. Logró además el reconocimiento internacional, siendo uno de los que, con mayor énfasis, puso a nuestro país en la escena del arte alternativo mundial. Fue expositor xilográfico en importantes capitales culturales latinoamericanas (La Habana, Buenos Aires, Lima.) Intercambio sus Ediciones Mimbre (1963) con el artista uruguayo Clemente Padin y otros destacados, argentinos y brasileños, adeptos a la vertiente visual de la poesía, posicionando la experimentación poética e interdiscursividad Chilena (cruce de géneros, en este caso, lirismo, pop art, publicidad, arquitectura y pintura) en un plano no conseguido antes y quizá no superado del todo aún.

Por ello no es de extrañar que su figura sea junto a otras honrosas excepciones nacionales como La Nueva Novela de Juan Luís Martínez, las obras "plásticas" de Eugenio Dittborn (Pinturas Aeropostales) y Sybil Brintrup (Vaca Mía), y El Archivo de Zonaglo de Gonzalo Millán, lo más destacado en dicho campo de la experimentación creativa.

Deisler, hoy en día, es recordado con respeto y cariño por muchos que trabajaron a su lado o conocieron su obra. En Europa es sumamente reconocido, su trabajo forma parte de numerosos estudios y colecciones. Se le rinden homenajes y exposiciones en museos de Francia y Alemania, lugares en que vivió tras el golpe de estado. Pues Deisler, como muchos, fue detenido y luego de un año, enviado al exilio, viviendo sucesivamente en Francia y Bulgaria, hasta establecerse finalmente en la ciudad de Halle (República Democrática Alemana) lugar en que falleció en 1995.

Hay que destacar además, que su vida profesional, genio y condición humana, no sólo deslumbró a la capital de nuestra larga y estrecha franja austral así como a importantes países del viejo mundo. En distintas épocas y con múltiples proyectos, estuvo íntimamente ligado a nuestro contexto, el norte chileno. Trabajó en la Universidad de Chile, sede Antofagasta como docente y director del Departamento de Artes Plásticas y Manuales. Y en un caso más cercano a nuestra ciudad frontera, el autor participó activamente junto al Consejo de Dirección de la Revista Tebaida . Labor que se enmarca dentro de la llamada época de oro de la poesía ariqueña . Esta publicación fue dirigida por Alicia Galaz, destacada poetisa, investigadora literaria y catedrática de la Universidad de Chile, Sede Arica y apareció por Nascimento, en la capital, entre 1968 y 1973. Aún hoy, sigue siendo una de las empresas literarias más destacadas y reconocidas del norte junto a otros empeños como Extramuros.

En Tebaida, participaron además Oliver Welden, Ariel Santibáñez y José Martínez Fernández. Por sus páginas desfilaron además muchos poetas chilenos y de otros países. Se destaca el poema de Gonzalo Rojas contra Nicanor Parra, la selección de poetas peruanos, norteamericanos y los nacionales: Lihn, Teillier, Waldo Rojas, Gonzalo Millán, Sergio Hernández, Omar Lara y prácticamente toda la generación del 60.

En definitiva, podemos señalar a Deisler como un precursor y ferviente motivador del arte y la cultura. Gran poeta visual, creador de imágenes capacitado para dar al lenguaje dimensiones cognoscitivas y emocionales que van más allá de la mera significación . Su trabajo implica una modificación activa en el campo de la lectura, la página se descompone y más allá de ser un simple soporte del texto, se recubre de diversas trayectorias, lo cual implica una ruptura provocativa a la linealidad y una invitación sublime a la polisemia y heteroglosia (multiplicidad de significados y discursos, respectivamente) Hay también en su obra, un desafío abierto al rol del lector. El cual debe abandonar la comodidad de mero ente repectivo en el circuito de la comunicación, para emprender decisivo el papel de co-creador, ante formas innovadoras que golpean su sensibilidad.

En cuanto a la temática, Deisler busca subvertir el código y gestar formas libres de expresión, se manifiesta esa desconfianza en el lenguaje y las estructuras previas y anquilosadas, que se ven como armas, imanes y vehículos panfletarios del poder. Visión que ha caracterizado a la filosofía y arte desde la mitad del siglo recién pasado. No debemos ver su obra entonces, como una simple ilusión, escapismo o capricho tendencioso, sino como una alternativa deconstruccionista y re-creadora de los elementos que ya conocemos pero que en clara rebeldía y compromiso, encauzan con original fervor y forma, la profundidad del dolor humano, el anhelo de paz, de renovación, de crítica a los absurdos en la historia y las promesas que siempre descansan en la memoria individual y colectiva como una utopía o genuina acción .

Componen la destacada obra de Guillermo Deisler: "GRRR", poesía visual, Santiago, 1969; "Antología de la Poesía Visiva en el Mundo", Universidad de Chile, Antofagasta, 1971; "Le Cerveux", Nouvelles Editions Polaires, París, 1975; "Packaging Poetry", poesía visual, edición de autor, Plovdiv, Bulgaria; "Make-up", poesía visual, Halle, 1987 y "Unlesbar & Sprachlos", poesía visual, Halle, 1990, edición de autor. Tambien entre 1987 y 1995 inicia el proyecto artístico colectivo de poesía visual y experimental UNI/vers(;) Peacedream-Project, edición que alcanza los 35 números con trabajos originales de artistas de todo el mundo.

Consideró indispensable contribuir a la difusión de la obra y memoria de un artista plástico completísimo: dibujante, grabador, diagramador y también impresor y editor. Por ello he incluido a la nota un video que humildemente edité, y que reúne material de este autor, de forma que el público pueda conocer la magnitud de su arte.

Autor: Daniel Rojas Pachas.




En: Bilbioteca Clepsidra.
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Viernes, 21 Marzo 2008 14:04:23 GMT

Juan Darien. Horacio Quiroga.

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Aquí se cuenta la historia de un tigre que se crió y educó entre los hombres, y que se llamaba Juan Darién. Asistió cuatro años a la escuela vestido de pantalón y camisa, y dio sus lecciones correctamente, aunque era un tigre de las selvas; pero esto se debe a que su figura era de hombre, conforme se narra en las siguientes líneas.

Una vez, a principio de otoño, la viruela visitó un pueblo de un país lejano y mató a muchas personas. Los hermanos perdieron a sus hermanitas, y las criaturas que comenzaban a caminar quedaron sin padre ni madre. Las madres perdieron a su vez a sus hijos, y una pobre mujer joven y viuda llevó ella misma a enterrar a su hijito, lo único que tenía en este mundo. Cuando volvió a su casa, se quedó sentada pensando en su chiquillo. Y murmuraba:

-Dios debía haber tenido más compasión de mí, y me ha llevado a mi hijo. En el cielo podrá haber ángeles, pero mi hijo no los conoce. Y a quien él conoce bien es a mí, ¡pobre hijo mío!

Y miraba a lo lejos, pues estaba sentada en el fondo de su casa, frente a un portoncito donde se veía la selva.

Ahora bien; en la selva había muchos animales feroces que rugían al caer la noche y al amanecer. Y la pobre mujer, que continuaba sentada, alcanzó a ver en la oscuridad una cosa chiquita y vacilante que entraba por la puerta, como un gatito que apenas tuviera fuerzas para caminar. La mujer se agachó y levantó en las manos un tigrecito de pocos días, pues aún tenía los ojos cerrados. Y cuando el mísero cachorro sintió el contacto de las manos, runruneó de contento, porque ya no estaba solo. La madre tuvo largo rato suspendido en el aire aquel pequeño enemigo de los hombres, a aquella fiera indefensa que tan fácil le hubiera sido exterminar. Pero quedó pensativa ante el desvalido cachorro que venía quién sabe de dónde y cuya madre con seguridad había muerto. Sin pensar bien en lo que hacía llevó al cachorrito a su seno y lo rodeó con sus grandes manos. Y el tigrecito, al sentir el calor del pecho, buscó postura cómoda, runruneó tranquilo y se durmió con la garganta adherida al seno maternal.

La mujer, pensativa siempre, entró en la casa. Y en el resto de la noche, al oír los gemidos de hambre del cachorrito, y al ver cómo buscaba su seno con los ojos cerrados, sintió en su corazón herido que, ante la suprema ley del Universo, una vida equivale a otra vida.

Y dio de mamar al tigrecito.

El cachorro estaba salvado, y la madre había hallado un inmenso consuelo. Tan grande su consuelo, que vio con terror el momento en que aquél le sería arrebatado, porque si se llegaba a saber en el pueblo que ella amamantaba a un ser salvaje, matarían con seguridad a la pequeña fiera. ¿Qué hacer? El cachorro, suave y cariñoso -pues jugaba con ella sobre su pecho- era ahora su propio hijo.

En estas circunstancias, un hombre que una noche de lluvia pasaba corriendo ante la casa de la mujer, oyó un gemido áspero -el ronco gemido de las fieras que, aún recién nacidas, sobresaltan al ser humano-. El hombre se detuvo bruscamente, y mientras buscaba a tientas el revólver, golpeó la puerta. La madre, que había oído los pasos, corrió loca de angustia a ocultar el tigrecito en el jardín. Pero su buena suerte quiso que al abrir la puerta del fondo se hallara ante una mansa, vieja y sabia serpiente que le cerraba el paso. La desgraciada mujer iba a gritar de terror, cuando la serpiente habló así:

-Nada temas, mujer -le dijo-. Tu corazón de madre te ha permitido salvar una vida del Universo, donde todas las vidas tienen el mismo valor. Pero los hombres no te comprenderán, y querrán matar a tu nuevo hijo. Nada temas, ve tranquila. Desde este momento tu hijo tiene forma humana; nunca lo reconocerán. Forma su corazón, enséñale a ser bueno como tú, y él no sabrá jamás que no es hombre. A menos... a menos que una madre de entre los hombres lo acuse; a menos que una madre no le exija que devuelva con su sangre lo que tú has dado por él, tu hijo será siempre digno de tí. Ve tranquila, madre, y apresúrate, que el hombre va a echar la puerta abajo.

Y la madre creyó a la serpiente, porque en todas las religiones de los hombres la serpiente conoce el misterio de las vidas que pueblan los mundos. Fue, pues, corriendo a abrir la puerta, y el hombre, furioso, entró con el revólver en la mano y buscó por todas partes sin hallar nada. Cuando salió, la mujer abrió, temblando, el rebozo bajo el cual ocultaba al tigrecito sobre su seno, y en su lugar vio a un niño que dormía tranquilo. Traspasada de dicha, lloró largo rato en silencio sobre su salvaje hijo hecho hombre; lágrimas de gratitud que doce años más tarde ese mismo hijo debía pagar con sangre sobre su tumba.

Pasó el tiempo. El nuevo niño necesitaba un nombre: se le puso Juan Darién. Necesitaba alimentos, ropa, calzado: se le dotó de todo, para lo cual la madre trabajaba día y noche. Ella era aún muy joven, y podría haberse vuelto a casar, si hubiera querido; pero le bastaba el amor entrañable de su hijo, amor que ella devolvía con todo su corazón.

Juan Darién era, efectivamente, digno de ser querido: noble, bueno y generoso como nadie. Por su madre, en particular, tenía una veneración profunda. No mentía jamás. ¿Acaso por ser un ser salvaje en el fondo de su naturaleza? Es posible; pues no se sabe aún qué influencia puede tener en un animal recién nacido la pureza de un alma bebida con la leche en el seno de una santa mujer.

Tal era Juan Darién. E iba a la escuela con los chicos de su edad, los que se burlaban a menudo de él, a causa de su pelo áspero y su timidez. Juan Darién no era muy inteligente; pero compensaba esto con su gran amor al estudio.

Así las cosas, cuando la criatura iba a cumplir diez años, su madre murió. Juan Darién sufrió lo que no es decible, hasta que el tiempo apaciguó su pena. Pero fue en adelante un muchacho triste, que sólo deseaba instruirse.

Algo debemos confesar ahora: a Juan Darién no se le amaba en el pueblo. La gente de los pueblos encerrados en la selva no gustan de los muchachos demasiado generosos y que estudian con toda el alma. Era, además, el primer alumno de la escuela. Y este conjunto precipitó el desenlace con un acontecimiento que dio razón a la profecía de la serpiente.

Aprontábase el pueblo a celebrar una gran fiesta, y de la ciudad distante habían mandado fuegos artificiales. En la escuela se dio un repaso general a los chicos, pues un inspector debía venir a observar las clases. Cuando el inspector llegó, el maestro hizo dar la lección al primero de todos: a Juan Darién. Juan Darién era el alumno más aventajado; pero con la emoción del caso, tartamudeó y la lengua se le trabó con un sonido extraño. El inspector observó al alumno un largo rato, y habló en seguida en voz baja con el maestro.

-¿Quién es ese muchacho? -le preguntó-. ¿De dónde ha salido?

-Se llama Juan Darién -respondió el maestro- y lo crió una mujer que ya ha muerto; pero nadie sabe de dónde ha venido.

-Es extraño, muy extraño... -murmuró el inspector, observando el pelo áspero y el reflejo verdoso que tenían los ojos de Juan Darién cuando estaba en la sombra.

El inspector sabía que en el mundo hay cosas mucho más extrañas que las que nadie puede inventar, y sabía al mismo tiempo que con preguntas a Juan Darién nunca podría averiguar si el alumno había sido antes lo que él temía: esto es, un animal salvaje. Pero así como hay hombres que en estados especiales recuerdan cosas que les han pasado a sus abuelos, así era también posible que, bajo una sugestión hipnótica, Juan Darién recordara su vida de bestia salvaje. Y los chicos que lean esto y no sepan de qué se habla, pueden preguntarlo a las personas grandes.

Por lo cual el inspector subió a la tarima y habló así:

-Bien, niño. Deseo ahora que uno de ustedes nos describa la selva. Ustedes se han criado casi en ella y la conocen bien. ¿Cómo es la selva? ¿Qué pasa en ella? Esto es lo que quiero saber. Vamos a ver, tú -añadió dirigiéndose a un alumno cualquiera-. Sube a la tarima y cuéntanos lo que hayas visto.

El chico subió, y aunque estaba asustado, habló un rato. Dijo que en el bosque hay árboles gigantes, enredaderas y florecillas. Cuando concluyó, pasó otro chico a la tarima, después otro. Y aunque todos conocían bien la selva, respondieron lo mismo, porque los chicos y muchos hombres no cuentan lo que ven, sino lo que han leído sobre lo mismo que acaban de ver. Y al fin el inspector dijo:

-Ahora le toca al alumno Juan Darién.

Juan Darién subió a la tarima, se sentó y dijo más o menos lo que los otros. Pero el inspector, poniéndole la mano sobre el hombro, exclamó:

-No, no. Quiero que tú recuerdes bien lo que has visto. Cierra los ojos.

Juan Darién cerró los ojos.

-Bien -prosiguió el inspector-. Dime lo que ves en la selva.

Juan Darién, siempre con los ojos cerrados, demoró un instante en contestar.

-No veo nada -dijo al fin.

-Pronto vas a ver. Figurémonos que son las tres de la mañana, poco antes del amanecer. Hemos concluido de comer, por ejemplo... estamos en la selva, en la oscuridad... Delante de nosotros hay un arroyo... ¿Qué ves?

Juan Darién pasó otro momento en silencio. Y en la clase y en el bosque próximo había también un gran silencio. De pronto Juan Darién se estremeció, y con voz lenta, como si soñara, dijo:

-Veo las piedras que pasan y las ramas que se doblan. .. Y el suelo. .. Y veo las hojas secas que se quedan aplastadas sobre las piedras...

-¡Un momento! -le interrumpió el inspector-. Las piedras y las hojas que pasan: ¿a qué altura las ves?

El inspector preguntaba esto porque si Juan Darién estaba "viendo" efectivamente lo que él hacía en la selva cuando era animal salvaje e iba a beber después de haber comido, vería también que las piedras que encuentra un tigre o una pantera que se acercan muy agachados al río pasan a la altura de los ojos. Y repitió:

-¿A qué altura ves las piedras?

Y Juan Darién, siempre con los ojos cerrados, respondió:

-Pasan sobre el suelo. . . Rozan las orejas. . . Y las hojas sueltas se mueven con el aliento... Y siento la humedad del barro en...

La voz de Juan Darién se cortó.

-¿En dónde? -preguntó con voz firme el inspector- ¿Dónde sientes la humedad del agua?

-¡En los bigotes!-dijo con voz ronca Juan Darién, abriendo los ojos espantado.

Comenzaba el crepúsculo, y por la ventana se veía cerca la selva ya lóbrega. Los alumnos no comprendieron lo terrible de aquella evocación; pero tampoco se rieron de esos extraordinarios bigotes de Juan Darién, que no tenía bigote alguno. Y no se rieron, porque el rostro de la criatura estaba pálido y ansioso.

La clase había concluido. El inspector no era un mal hombre; pero, como todos los hombres que viven muy cerca de la selva, odiaba ciegamente a los tigres; por lo cual dijo en voz baja al maestro:

-Es preciso matar a Juan Darién. Es una fiera del bosque, posiblemente un tigre. Debemos matarlo, porque si no, él, tarde o temprano, nos matará a todos. Hasta ahora su maldad de fiera no ha despertado; pero explotará un día u otro, y entonces nos devorará a todos, puesto que le permitimos vivir con nosotros. Debemos, pues, matarlo. La dificultad está en que no podemos hacerlo mientras tenga forma humana, porque no podremos probar ante todos que es un tigre. Parece un hombre, y con los hombres hay que proceder con cuidado. Yo sé que en la ciudad hay un domador de fieras. Llamémoslo, y él hallará modo de que Juan Darién vuelva a su cuerpo de tigre. Y aunque no pueda convertirlo en tigre, las gentes nos creerán y podremos echarlo a la selva. Llamemos en seguida al domador, antes que Juan Darién se escape.

Pero Juan Darién pensaba en todo, menos en escaparse, porque no se daba cuenta de nada. ¿Cómo podía creer que él no era hombre, cuando jamás había sentido otra cosa que amor a todos, y ni siquiera tenía odio a los animales dañinos?

Mas las voces fueron corriendo de boca en boca, y Juan Darién comenzó a sufrir sus efectos. No le respondían una palabra, se apartaban vivamente a su paso, y lo seguían desde lejos de noche.

-¿Qué tendré? ¿Por qué son así conmigo? -se preguntaba Juan Darién.

Y ya no solamente huían de él, sino que los muchachos le gritaban:

-¡Fuera de aquí! ¡Vuélvete donde has venido! ¡Fuera!

Los grandes también, las personas mayores, no estaban menos enfurecidas que los muchachos. Quién sabe qué llega a pasar si la misma tarde de la fiesta no hubiera llegado por fin el ansiado domador de fieras. Juan Darién estaba en su casa preparándose la pobre sopa que tomaba, cuando oyó la gritería de las gentes que avanzaban precipitadas hacia su casa. Apenas tuvo tiempo de salir a ver qué era: Se apoderaron de él, arrastrándolo hasta la casa del domador.

-¡Aquí está! -gritaban, sacudiéndolo- ¡Es éste! ¡Es un tigre! ¡No queremos saber nada con tigres! ¡Quítele su figura de hombre y lo mataremos!

Y los muchachos, sus condiscípulos a quienes más quería, y las mismas personas viejas, gritaban:

-¡Es un tigre! ¡Juan Darién nos va a devorar! ¡Muera Juan Darién!

Juan Darién protestaba y lloraba porque los golpes llovían sobre él, y era una criatura de doce años. Pero en ese momento la gente se apartó, y el domador, con grandes botas de charol, levita roja y un látigo en la mano, surgió ante Juan Darién. E1 domador lo miró fijamente, y apretó con fuerza el puño del látigo.

-¡Ah! -exclamó-. ¡Te reconozco bien! ¡A todos puedes engañar, menos a mí! ¡Te estoy viendo, hijo de tigres! ¡Bajo tu camisa estoy viendo las rayas del tigre! ¡Fuera la camisa, y traigan los perros cazadores! ¡Veremos ahora si los perros te reconocen como hombre o como tigre!

En un segundo arrancaron toda la ropa a Juan Darién y lo arrojaron dentro de la jaula para fieras.

-¡Suelten los perros, pronto! -gritó el domador-. ¡Y encomiéndate a los dioses de tu selva, Juan Darién!

Y cuatro feroces perros cazadores de tigres fueron lanzados dentro de la jaula.

El domador hizo esto porque los perros reconocen siempre el olor del tigre; y en cuanto olfatearan a Juan Darién sin ropa, lo harían pedazos, pues podrían ver con sus ojos de perros cazadores las rayas de tigre ocultas bajo la piel de hombre.

Pero los perros no vieron otra cosa en Juan Darién que el muchacho bueno que quería hasta a los mismos animales dañinos. Y movían apacibles la cola al olerlo

-¡Devóralo! ¡Es un tigre! ¡Toca! ¡Toca! -gritaban a los perros-. Y los perros ladraban y saltaban enloquecidos por la jaula, sin saber a qué atacar.

La prueba no había dado resultado.

-¡Muy bien! -exclamó entonces el domador-. Estos son perros bastardos, de casta de tigre. No le reconocen. Pero yo te reconozco, Juan Darién, y ahora nos vamos a ver nosotros.

Y así diciendo entró él en la jaula y levantó el látigo.

-¡Tigre! -gritó-. ¡Estás ante un hombre, y tú eres un tigre! ¡Allí estoy viendo, bajo tu piel robada de hombre, las rayas de tigre! ¡Muestra las rayas!

Y cruzó el cuerpo de Juan Darién de un feroz latigazo. La pobre criatura desnuda lanzó un alarido de dolor, mientras las gentes, enfurecidas, repetían.

-¡Muestra las rayas de tigre!

Durante un rato prosiguió el atroz suplicio; y no deseo que los niños que me oyen vean martirizar de este modo a ser alguno.

-¡Por favor! ¡Me muero! -clamaba Juan Darién.

-¡Muestra las rayas! -le respondían.

Por fin el suplicio concluyó. En el fondo de la jaula, arrinconado, aniquilado en un rincón, sólo quedaba su cuerpecito sangriento de niño, que había sido Juan Darién. Vivía aún, y aún podía caminar cuando se le sacó de allí; pero lleno de tales sufrimientos como nadie los sentirá nunca.

Lo sacaron de la jaula, y empujándolo por el medio de la calle, lo echaban del pueblo. Iba cayéndose a cada momento, y detrás de él iban los muchachos, las mujeres y los hombres maduros, empujándolo.

-¡Fuera de aquí, Juan Darién! ¡Vuélvete a la selva, hijo de tigre y corazón de tigre! ¡Fuera, Juan Darién!

Y los que estaban lejos y no podían pegarle, le tiraban piedras.

Juan Darién cayó del todo, por fin, tendiendo en busca de apoyo sus pobres manos de niño. Y su cruel destino quiso que una mujer, que estaba parada a la puerta de su casa sosteniendo en los brazos a una inocente criatura, interpretara mal ese ademán de súplica.

-¡Me ha querido robar a mi hijo! -gritó la mujer-. ¡Ha tendido las manos para matarlo! ¡Es un tigre! ¡Matémosle en seguida, antes que él mate a nuestros hijos!

Así dijo la mujer. Y de este modo se cumplía la profecía de la serpiente: Juan Darién moriría cuando una madre de los hombres le exigiera la vida y el corazón de hombre que otra madre le había dado con su pecho.

No era necesaria otra acusación para decidir a las gentes enfurecidas. Y veinte brazos con piedras en la mano se levantaban ya para aplastar a Juan Darién cuando el domador ordenó desde atrás con voz ronca:

-¡Marquémoslo con rayas de fuego! ¡Quemémoslo en los fuegos artificiales!

Ya comenzaba a oscurecer, y cuando llegaron a la plaza era noche cerrada. En la plaza habían levantado un castillo de fuegos de artificio, con ruedas, coronas y luces de bengala. Ataron en lo alto del centro a Juan Darién, y prendieron la mecha desde un extremo. El hilo de fuego corrió velozmente subiendo y bajando, y encendió el castillo entero. Y entre las estrellas fijas y las ruedas gigantes de todos colores, se vio allá arriba a Juan Darién sacrificado.

-¡Es tu último día de hombre, Juan Darién! -clamaban todos-. ¡Muestra las rayas!

-¡Perdón, perdón! -gritaba la criatura, retorciéndose entre las chispas y las nubes de humo. Las ruedas amarillas, rojas y verdes giraban vertiginosamente, unas a la derecha y otras a la izquierda. Los chorros de fuego tangente trazaban grandes circunferencias; y en el medio, quemado por los regueros de chispas que le cruzaban el cuerpo, se retorcía Juan Darién.

-¡Muestra las rayas! -rugían aún de abajo.

-¡No, perdón! ¡Yo soy hombre! -tuvo aún tiempo de clamar la infeliz criatura. Y tras un nuevo surco de fuego, se pudo ver que su cuerpo se sacudía convulsivamente; que sus gemidos adquirían un timbre profundo y ronco; y que su cuerpo cambiaba poco a poco de forma. Y la muchedumbre, con un grito salvaje de triunfo, pudo ver surgir por fin, bajo la piel del hombre, las rayas negras, paralelas y fatales del tigre.

La atroz obra de crueldad se había cumplido; habían conseguido lo que querían. En vez de la criatura inocente de toda culpa, allá arriba no había sino un cuerpo de tigre que agonizaba rugiendo.

Las luces de bengala se iban también apagando. Un último chorro de chispas con que moría una rueda alcanzó la soga atada a las muñecas (no: a las patas del tigre, pues Juan Darién había concluido), y el cuerpo cayó pesadamente al suelo. Las gentes lo arrastraron hasta la linde del bosque, abandonándolo allí para que los chacales devoraran su cadáver y su corazón de fiera.

Pero el tigre no había muerto. Con la frescura nocturna volvió en sí, y arrastrándose presa de horribles tormentos se internó en la selva. Durante un mes entero no abandonó su guarida en lo más tupido del bosque, esperando con sombría paciencia de fiera que sus heridas curaran. Todas cicatrizaron por fin, menos una, una profunda quemadura en el costado, que no cerraba, y que el tigre vendó con grandes hojas.

Porque había conservado de su forma recién perdida tres cosas: el recuerdo vivo del pasado, la habilidad de sus manos, que manejaba como un hombre, y el lenguaje. Pero en el resto, absolutamente en todo, era una fiera, que no se distinguía en lo más mínimo de los otros tigres.

Cuando se sintió por fin curado, pasó la voz a los demás tigres de la selva para que esa misma noche se reunieran delante del gran cañaveral que lindaba con los cultivos. Y al entrar la noche se encaminó silenciosamente al pueblo. Trepó a un árbol de los alrededores y esperó largo tiempo inmóvil. Vio pasar bajo él sin inquietarse a mirar siquiera, pobres mujeres y labradores fatigados, de aspecto miserable; hasta que al fin vio avanzar por el camino a un hombre de grandes botas y levita roja.

El tigre no movió una sola ramita al recogerse para saltar. Saltó sobre el domador; de una manotada lo derribó desmayado, y cogiéndolo entre los dientes por la cintura, lo llevó sin hacerle daño hasta el juncal.

Allí, al pie de las inmensas cañas que se alzaban invisibles, estaban los tigres de la selva moviéndose en la oscuridad, y sus ojos brillaban como luces que van de un lado para otro. El hombre proseguía desmayado. El tigre dijo entonces:

-Hermanos: Yo viví doce años entre los hombres, como un hombre mismo. Y yo soy un tigre. Tal vez pueda con mi proceder borrar más tarde esta mancha. Hermanos: esta noche rompo el último lazo que me liga al pasado.

Y después de hablar así, recogió en la boca al hombre, que proseguía desmayado, y trepó con él a lo más alto del cañaveral, donde lo dejó atado entre dos bambúes. Luego prendió fuego a las hojas secas del suelo, y pronto una llamarada crujiente ascendió. Los tigres retrocedían espantados ante el fuego. Pero el tigre les dijo: "¡Paz, hermanos!", y aquéllos se apaciguaron, sentándose de vientre con las patas cruzadas a mirar.

El juncal ardía como un inmenso castillo de artificio. Las cañas estallaban como bombas, y sus gases se cruzaban en agudas flechas de color. Las llamaradas ascendían en bruscas y sordas bocanadas, dejando bajo ella lívidos huecos; y en la cúspide, donde aún no llegaba el fuego, las cañas se balanceaban crispadas por el calor.

Pero el hombre, tocado por las llamas, había vuelto en sí. Vio allá abajo a los tigres con los ojos cárdenos alzados a él, y lo comprendió todo.

-¡Perdón, perdóname! -aulló retorciéndose-. ¡Pido perdón por todo!

Nadie contestó. El hombre se sintió entonces abandonado de Dios, y gritó con toda su alma:

-¡Perdón, Juan Darién!

Al oír esto, Juan Darién alzó la cabeza y dijo fríamente:

-Aquí no hay nadie que se llame Juan Darién. No conozco a Juan Darién. Éste es un nombre de hombre, y aquí somos todos tigres.

Y volviéndose a sus compañeros, como si no comprendiera, preguntó:

-¿Alguno de ustedes se llama Juan Darién?

Pero ya las llamas habían abrasado el castillo hasta el cielo. Y entre las agudas luces de bengala que entrecruzaban la pared ardiente, se pudo ver allá arriba un cuerpo negro que se quemaba humeando.

-Ya estoy pronto, hermanos-dijo el tigre-. Pero aún me queda algo por hacer.

Y se encaminó de nuevo al pueblo, seguido por los tigres sin que él lo notara. Se detuvo ante un pobre y triste jardín, saltó la pared, y pasando al costado de muchas cruces y lápidas, fue a detenerse ante un pedazo de tierra sin ningún adorno, donde estaba enterrada la mujer a quien había llamado madre ocho años. Se arrodilló -se arrodilló como un hombre-, y durante un rato no se oyó nada.

-¡Madre! -murmuró por fin el tigre con profunda ternura-. Tú sola supiste, entre todos los hombres, los sagrados derechos a la vida de todos los seres del Universo. Tú sola comprendiste que el hombre y el tigre se diferencian únicamente por el corazón. Y tú me enseñaste a amar, a comprender, a perdonar. ¡Madre!, estoy seguro de que me oyes. Soy tu hijo siempre, a pesar de lo que pase en adelante pero de ti sólo. ¡Adiós, madre mía!

Y viendo al incorporarse los ojos cárdenos de sus hermanos que lo observaban tras la tapia, se unió otra vez a ellos.

El viento cálido les trajo en ese momento, desde el fondo de la noche, el estampido de un tiro.

-Es en la selva -dijo el tigre-. Son los hombres. Están cazando, matando, degollando.

Volviéndose entonces hacia el pueblo que iluminaba el reflejo de la selva encendida, exclamó:

-¡Raza sin redención! ¡Ahora me toca a mí!

Y retornando a la tumba en que acaba de orar, arrancóse de un manotón la venda de la herida y escribió en la cruz con su propia sangre, en grandes caracteres, debajo del nombre de su madre:

Y
JUAN DARIÉN

-Ya estamos en paz -dijo. Y enviando con sus hermanos un rugido de desafío al pueblo aterrado, concluyó:

-Ahora, a la selva. ¡Y tigre para siempre!






En: Bilbioteca Clepsidra.
Permaenlace: Juan Darien. Horacio Quiroga.
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Viernes, 21 Marzo 2008 09:24:35 GMT

Segunda sesión taller- tema El Tiempo (jueves 20 de marzo)


time



A la narrativa se le considera un arte temporal pues implica sucesión y movimiento. Esta narra hechos y todo acontecer, implica necesariamente transcurso de tiempo, alteración y cambio.

El tiempo de la ficción que leemos sin embargo, es un tiempo o transcurrir esencialmente distinto del real . Un tiempo tan inventado como lo son el narrador y los personajes de las ficciones atrapados en él. El punto de vista temporal que encontramos en toda narración, esta dotado de una fuerte dosis de creatividad y de imaginación, aun cuando el escritor no haya sido en muchos casos, consciente de él.

Primera distinción, tiempo cronológico y tiempo psicológico: El tiempo de las novelas y cuentos, es un tiempo psicológico, un tiempo subjetivo al que la artesanía del narrador da apariencia de objetividad, consiguen de este modo que su narración tome distancia y se diferencie del mundo real (obligación de toda ficción que quiere vivir por cuenta propia).

Recordemos por ejemplo el cuento famoso de Borges, “El milagro secreto”, en el que, en el momento de la ejecución del escritor y poeta checo Jaromir Hladik, Dios le concede un año de vida para que –mentalmente- termine el drama en verso Los enemigos que ha planeado escribir toda su vida. Todas las ficciones (y, sobre todo, las buenas) tienen su propio tiempo, un sistema temporal que les es privativo, diferente del tiempo real en que vivimos los lectores.

No es posible que un narrador desaloje el tiempo de la trama de su obra. En toda narración siempre hay un reloj. Otra cosa es que al autor no le guste y trate de esconder el suyo o le de vueltas al revés o le cambie los minuteros permanentemente al punto que el héroe este al mismo tiempo con una querida y jugando a la pelota con su niñera en el parque. Todos estos recursos son legítimos (mientras sean convincentes). Los teóricos están de acuerdo en distinguir tres momentos en al arte narrativo: el tiempo de la escritura, el de la aventura y el de la lectura.

a) Tiempo de la escritura. Toda novela o cuento expresa, quiéralo o no su autor, el espíritu de la época en que fue escrita. Hay un testimonio del espíritu que reinaba en el momento de la emisión. Por otro lado, la técnica narrativa es indisociable de las modas, corrientes y procedimientos de su época. También la elección de motivos depende en gran medida del momento de la escritura. Los motivos del romanticismo no son los mismos del naturalismo.

b) Tiempo de la lectura es el momento de la recepción. La separación entre el instante de la escritura y el de la lectura oscila hasta el punto de cambiar de valor o el sentido de una novela con el devenir del tiempo. Los libros no envejecen, se transforman en otros. Los tiempos desmienten las Utopías. La obra artística se hace mas compleja y multívoca, cuanto más antigua es.

c) Tiempo de la aventura. Para estudiar esta dimensión de una obra cabe formularse varias preguntas. ¿En que época ocurre el acontecer narrado? ¿Qué cantidad de tiempo transcurre en la historia que se cuenta? Hay condensaciones: mucho tiem­po en pocas Líneas Hay ensanchamientos temporales: poco tiempo desarrollado extensamente Están compendiados en cerca de 400 paginas, siete años, cien anos, un solo día ¿ Qué concepción del tiempo aparece en la obra?

Un río. El tiempo puede ser un no, un constante fluir irreversible, sin diques de contención posibles.

Un círculo mítico donde no hay progreso. Todo pasado y todo futuro se conoce porque esta sucediendo o repitiéndose en el presente.

Un espejo roto en varios pedazos o fragmentos. Tiempo fragmentario o mosaical.

La dilatación de un momento. El tiempo puede ser un presente desmesuradamente agrandado.

Un tiempo sagrado, paradigmático, donde los hombres se refugian, huyendo de la historia, del cambio.

Un tiempo profano o histórico, del devenir, del cambio, donde el hombre esta expuesto a la angustia.

En algunas obras de Carpentier, Jorge Luís Borges, Julio Cortazar, García Márquez, Proust, Thomas Mann el tiempo ya no es sólo un elemento intrínseco de la narración, sino el tema mismo de la obra.

El tiempo como anécdota: Viaje a la semilla, el tambor de hojalata, La máquina del tiempo, la trama celeste.

Pasemos al tiempo como forma: construcción narrativa dentro de la cual se desenvuelve la anécdota . Para deslindar las propiedades originales del tiempo narrativo, el primer paso, es averiguar en concreto en que consiste el punto de vista temporal, relación que existe en toda novela entre el tiempo del narrador (tiempo del relato) y el tiempo de lo narrado (historia)

Las posibilidades por las que puede optar el novelista son sólo tres (con sus respectivas variantes) y están determinadas por el tiempo verbal desde el cual el narrador narra la historia:

a) El tiempo del narrador y el tiempo de lo narrado pueden coincidir, ser uno solo. En este caso, el narrador narra desde el presente gramatical.

b) El narrador puede narrar desde un pasado hechos que ocurren en el presente o en el futuro. Y, por último.

c) El narrador puede situarse en el presente o en el futuro para narrar hechos que han ocurrido en el pasado (mediato o inmediato).

Para entender mejor estas distinciones, tomemos como ejemplo, “El dinosaurio”, de Augusto Monterroso, consta de una sola frase: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”

¿En qué tiempo verbal se halla lo narrado? En un pretérito indefinido: “despertó”. El narrador está situado, pues, en el futuro, para narrar un hecho que ocurre ¿cuándo? ¿En el pasado mediato o inmediato en relación a ese futuro en que está el narrador? En el pasado mediato. ¿Cómo sé que el tiempo de lo narrado es un pasado mediato y no inmediato, en relación con el tiempo del narrador? Porque entre aquellos dos tiempos hay un abismo infranqueable, un hiato temporal, una puerta cerrada que ha abolido todo vínculo o relación de continuidad entre ambos. Ésa es la característica determinante del tiempo verbal que emplea el narrador: confinar la acción en un pasado (pretérito indefinido) cortado, escindido del tiempo en que él se encuentra. La acción de “El dinosaurio” ocurre pues en un pasado mediato respecto del tiempo del narrador; es decir, el punto de vista temporal es el caso c y, dentro de éste, una de sus dos posibles variantes:

Tiempo futuro (el del narrador) - tiempo pasado mediato (lo narrado).

¿Cuál hubiera tenido que ser el tiempo verbal utilizado por el narrador para que su tiempo correspondiera a un pasado inmediato de ese futuro en que se halla el narrador ? “Cuando ha despertado, el dinosaurio todavía está ahí.” El pretérito perfecto por ejemplo tiene la virtud de relatar acciones que, aunque ocurren en el pasado, se alargan hasta tocar el presente, acciones que se demoran y parecen estar acabando de ocurrir en el momento mismo en que las relatamos . Ese pasado cercanísimo, inmediato, no está separado sin remedio del narrador como en el caso anterior (“despertó”); el narrador y lo narrado se hallan en una cercanía tal que casi se tocan, algo diferente de esa otra distancia, insalvable, del pretérito indefinido.

Pasemos ahora, valiéndonos siempre de “El dinosaurio”, a ejemplificar el caso primero ( a ), el más sencillo y evidente de los tres: aquél en que coinciden el tiempo del narrador y el de lo narrado. Este punto de vista temporal exige que el narrador narre desde un presente del indicativo:
“Despierta y el dinosaurio todavía está allí.” El narrador y lo narrado comparten el tiempo. La historia está ocurriendo a medida que el narrador nos la cuenta. La relación es muy distinta a la anterior, en la que veíamos dos tiempos diferenciados y en la que el narrador, por hallarse en un tiempo posterior al de los hechos narrados, tenía una visión temporal acabada, total, de lo que iba narrando. En el caso a, el conocimiento o perspectiva, sólo abarca lo que va ocurriendo a medida que ocurre, es decir, a medida que lo van contando. Cuando el tiempo del narrador y el tiempo narrado se confunde gracias al presente del indicativo (como suele ocurrir en las novelas de Samuel Beckett o en las de Robbe-Grillet)

Veamos ahora el caso b, el menos frecuente y, desde luego, el más complejo: el narrador se sitúa en un pasado para narrar hechos que no han ocurrido, que van a ocurrir, en un futuro inmediato o mediato. He ahí ejemplos de posibles variantes de este punto de vista temporal:


a) “Despertarás y el dinosaurio todavía estará allí.”
b) “Cuando despiertes, el dinosaurio todavía estará allí.”
c) “Cuando hayas despertado, el dinosaurio todavía estará allí.”


Cada caso (hay otros posibles) constituye un leve matiz, establece una distancia diferente entre el tiempo del narrador y el del mundo narrado, pero el denominador común es que en todos ellos el narrador narra hechos que no han ocurrido todavía, ocurrirán cuando él haya terminado de narrarlos y sobre los cuales, gravita una indeterminación esencial: no hay la misma certeza de que ocurran como cuando el narrador se coloca en un presente o futuro para narrar los hechos ya ocurridos o que van ocurriendo mientras los narra. Además de impregnar de relatividad, el narrador, instalado en el pretérito para narrar hechos que ocurrirán en un futuro mediato o inmediato consigue mostrarse con mayor fuerza. Su relato resulta una sucesión de imperativos, una secuencia de órdenes para que ocurra lo que narra . Un narrador no puede usarlo sin ser consciente de ello, es decir, si no quiere, mediante aquella incertidumbre y exhibicionismo de poder contar algo que sólo contado así alcanzará poder de persuasión.

Una vez identificados los tres posibles puntos de vista temporales, configurados por el tiempo gramatical de la voz del que narra y el tiempo en que se halla la historia narrada, es preciso añadir que es rarísimo que en una ficción haya un solo punto de vista temporal . Suele haber uno dominante, pero el narrador se desplaza entre distintos puntos de vista temporales, a través de mudas (cambios del tiempo gramatical ) que serán más eficaces cuanto menos llamativas sean y más inadvertidas pasen al lector., es decir, que no parezcan caprichosas, mero alarde, sino que ellas den mayor significación –densidad, complejidad, intensidad, diversidad, relieve- a los personajes y a la historia.

Recursos estilísticos para trabajar el tiempo según Genette.

Orden: Las relaciones entre el orden temporal de la cadena de sucesos en la historia y el orden temporal de su disposición en el relato. Fenómeno a estudiar, Anacronía: discordancia entre el orden de la historia y el orden del relato. 2 tipos:

  • Analepsis: también retrospección, flashback, o cutback ) la evocación de un acontecimiento anterior al momento en que se encuentra el relato. El flashback es una vuelta repentina y rápida al pasado del personaje. Es diferente al racconto , que es también un quiebre en el relato volviendo al pasado, pero este último no es tan repentino y es más pausado en lo que refiere a la velocidad del relato, además es más detallado y largo que el primero.

  • Prolepsis: (anticipación, prospección, flashforward, cutforward) Es un movimiento de prospección. Narra acontecimientos futuros, anticipaciones con respecto al presente de la historia.

Duración: la relación entre el tiempo que duran los sucesos de la historia y la extensión del relato.

  • La pausa es la forma máxima de desaceleración. no pasa nada en la historia (en cuanto a acción); el texto está dedicado a una digresión de tipo filosófico o psicológico.
  • En la escena no hay ni aceleración, ni desaceleración, sino identidad entre el tiempo de la historia y el tiempo del relato.
  • Sumario o resumen el tiempo del relato es menos extenso que el tiempo de la historia. Se abarca en cortos enunciados una serie de eventos que se han prolongado en el tiempo.
  • Elipsis la forma máxima de aceleración. un tiempo que pasa en la historia, pero que no se cuenta. Genette distingue entre la elipsis determinada, cuya duración se menciona ("pasaron cinco años") y la elipsis indeterminada, cuya duración no se especifica ("pasó el tiempo").



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Jueves, 20 Marzo 2008 09:31:46 GMT

Confirmación de la sala para el primer semestre 2008.




Retomamos el taller Clepsidra.
Conversación y creación literaria.

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Se parte de nuestra fila...


LUGAR DE REUNIÓN: U.T.A CAMPUS SAUCACHE - SALA 122 -EDIFICIO DE EDUCACIÓN, A MANO IZQUIERDA DEL HALL CENTRAL.

TODOS LOS JUEVES - HORARIO: 7:45 P.M


TEMAS A TRATAR: MOVIMIENTOS, GENERACIONES LITERARIAS, GRANDES AUTORES, TÉCNICAS NARRATIVAS, POESÍA, ESTILOS Y VANGUARDIA, ADEMÁS DE CRÍTICA Y DISCUSIÓN EN TORNO A OBRAS PERSONALES.




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Viernes, 14 Marzo 2008 09:25:28 GMT

Primera sesión taller (Jueves 13 de marzo)

Taller de Conversación y Creación Literario: Clepsidra. www.clepsidra.ohlog.com




Nueva Narrativa Histórica: 1979 punto de auge en que se impone a la narrativa telúrica, mágico-realista, testimonial o psicológica.

Se entiende por narrativa histórica, aquella que transcurre predominantemente en un pasado no experimentado directamente por el autor. (Algunos señalan que por dos generaciones)







Narrativa histórica tradicional

Nueva Narrativa histórica.
Narrativa decimonónica

Narrativa, romántica, modernista y criollismo

Influencia: siglo de oro, Walter Scott y las crónicas coloniales.

Obj: construir conciencia nacional. Instrumental, adoctrinar y educar sólo a veces cumple una función escapista.

Protagonismo esta en los retratos fieles al discurso histórico o en el ciudadano común en contextos clarificadores

Influencia Alejo Carpentier en 1949 el reino de este mundo.

Recreación mimética y realista de cronotopos supeditada a:

Descreimiento y relatividad histórica. (ficción)

Concepto cíclico del tiempo e imprevisibilidad.

Distorsión por ausencia de próceres o aspecto desmitificador. (exageraciones, elipsis, anacronismos)

Caracterización sui-generis de próceres
Metaficción

Intertextualidad e ironía (palimpsesto)

Carnavalesco, dialógico, polifónico, heteroglosia y su variedad.

Bibliografía: Seymour Menton: La nueva novela histórica: Definiciones y orígenes.







Microcuento Histórico: Muchos escritores latinoamericanos, entre ellos Eduardo Galeano, Ernesto Cardenal, Augusto Monterroso, José Leandro Urbina y otros, optaron por escribir relatos breves que testimoniaban hechos, sucesos que permanecían en la memoria oral, fragmentos de historias de vidas, alegorías fugaces que transmitían los sueños y temores de las víctimas de la violencia del poder, pero también reescrituras de mitos y revisiones de las convenciones arraigadas por la cultura dominante . Desde estas condicionantes socioculturales, los microcuentos históricos se escriben con el propósito de denunciar, parodiar, testimoniar y elogiar, en breves anécdotas, a los personajes cotidianos o a aquellos que se han mantenido apartados o ignorados por la cultura del poder.






Retrato de una dama. Para Valentina

A la luz del amanecer, filtrándose tímida por la ventana, se compuso con esmero el vestido. Una de sus uñas limpió a las otras. Untó la yema de los dedos con saliva y alisó sus cejas. Cuando terminaba de ordenarse el cabello escuchó a los carceleros venir por el pasillo. Frente a la sala de interrogatorios, recordando el dolor, le temblaron los muslos. Después la encapucharon y cruzó la puerta. Allí dentro estaba la misma voz del día anterior. Los mismos pasos del día anterior se aproximaron a la silla trayendo la voz, húmeda, hasta pegarla a su oído.
—¿En qué estábamos ayer, señorita Jiménez?
— En que usted debe recordar que está tratando con una dama, dijo ella.
Un golpe le cruzó la cara. Sintió que se desgarraba la mandíbula.
—¿En qué estábamos, señorita Jiménez?
En que usted debería recordar que está tratando con una dama, dijo ella.

José Leandro Urbina, Las malas juntas




-Se privilegia el relato abierto, el proceso y la imaginación del lector más que la persuasión por vía del exemplum . Otras veces los microcuentos optan por una visión lúdica o irónica que incorpora una visión recortada y fugaz de la historia. El resultado, a partir de estas referencias es un microcuento que utiliza la parodia, el humor negro y la ironía, como un modo de carnavalizar la tradición.

-Quédate, le dije.
Y la toqué.

Toque de queda (Omar Lara)






Mamá, dijo el niño, ¿qué es un golpe?
-Algo que duele muchísimo y deja amoratado el lugar donde te dio.
El niño fue hasta la puerta de casa. Todo el país que le cupo en la mirada tenía un tinte violáceo.

Golpe (Pía Barros)




Mientras el sargento interrogaba a su madre y su hermana, el capitán se llevó al niño, de una mano, a la otra pieza...
-¿Dónde está tu padre? -preguntó
-Está en el cielo -susurró él.
-¿Cómo? ¿Ha muerto? -preguntó asombrado el capitán.
-No-dijo el niño-. Todas las noches baja del cielo a comer con nosotros. El capitán alzó la vista y descubrió la puertecilla que daba al entretecho.

Padre nuestro que estás en el cielo (José Leandro Urbina)




BLANCAS: Danilo González, Alcalde de Lota
NEGRAS: Floridor Pérez, Profesor rural de Mortandad

1.
C3C
A3C
2.
C3A
C2D
3.
........


Mientras reflexionaba su séptima jugada un cabo gritó su nombre desde la guardia.
—¡Voy!— dijo pasándome el pequeño ajedrez magnético.
Como no regresó en un plazo prudente anoté, en broma: Abandona .

Solo cuando el diario EL SUR, la semana siguiente publicó en grandes letras la noticia de su fusilamiento
en el Estadio Regional de Concepción, comprendí toda la magnitud de su abandono.
Se había formado en las minas del carbón, pero no fue el peón oscuro que parecía
condenado a ser, y habrá muerto con señoríos de rey en su enroque. Años después le cuento a un poeta. Solo dice: ¿y si te hubieran tocado las blancas?

Floridor Pérez –La jugada inconclusa.




El discurso del microcuento histórico se construye, entonces, a partir de discursos de carácter oral tales como la anécdota, la entrevista, la historia de vida, la nota periodística o el simple recuerdo del narrador para dar cuenta de una historia concreta, reciente o pasada. Esta pequeña historia amerita ser fijada por la escritura y debiera ser leída como una visión paralela y artística -a veces satírica o polémica- de la historia latinoamericana .




Conversación que no sé si escuché o imaginé en aquellos días:
-Una revolución de mar a mar. Todito el país alzado. Y los pienso ver con estos mis ojos...
-¿Y cambiará todo, todo?
-Hasta las raíces.
-¿Y ya no habrá que vender los brazos por nada?
-Ni modo, pues.
-¿Ni aguantar que lo traten a uno como bestia?
-Nadie será dueño de nadie.
-¿Y los ricos?
-No habrá más ricos.
-¿Y quién nos va a pagar a los pobres, entonces, las cosechas?
--Es que tampoco habrá pobres.
-Ni ricos ni pobres.
-Ni pobres ni ricos.
-Pero entonces, se va a quedar sin gente Guatemala. Porque aquí, sabés vos, el que no es rico, es pobre.

Conversación, Eduardo Galeano.




Microcuentos paródicos . Para Genette, están en el centro de los fenómenos de transtextualidad. Todo texto paródico es un doble discurso, uno presente y otro que ha de evocarse a la manera de un palimpsesto. El emisor construye un receptor capaz de hacer dialogar el texto con el contratexto, con las convenciones y significaciones culturales que están en su competencia, en el mismo texto y en la historia oficial. Texto y contratexto _en la conciencia lectora_ permiten una lectura inversa de la historia canónica. Los microcuentros históricos, en este caso, transforman el hipotexto (la convención) y originan una parodia, un travestismo o imitación.



Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido, aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén. Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

El eclipse (Augusto Monterroso)





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Jueves, 13 Marzo 2008 09:39:20 GMT

Segunda Nota Morrocotudo- Invitación nuevo taller.





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Martes, 11 Marzo 2008 06:23:59 GMT

Nuevo taller de Conversación y Creación Literario.




A PARTIR DE ESTE JUEVES 13 (PRIMERA SESIÓN) RETOMAMOS NUESTRO EMPEÑO LITERARIO, NUESTRO OBJETIVO, APORTAR AL ÁMBITO CREATIVO DE LA REGIÓN. ESTE TALLER SE REALIZARÁ DURANTE TODO EL SEMESTRE, LA IDEA ES DEBATIR Y ANALIZAR TEMAS RELEVANTES, EN TORNO A NUESTRO QUEHACER ARTÍSTICO O EL DE OTROS AUTORES, GENERACIONES LITERARIAS, MOVIMIENTOS Y ESTILOS.

EL LUGAR DE REUNIÓN SALA 122 DE LA U.T.A -CAMPUS SAUCACHE, EDIFICIO DE EDUCACIÓN, MANO IZQUIERDA DEL HALL CENTRAL, A PARTIR DE LAS 7:45




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Martes, 11 Marzo 2008 06:07:58 GMT

Nota en el Morrocotudo - Taller Clepsidra.





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Martes, 11 Marzo 2008 05:38:39 GMT

Libros de la semana.


La idea de este post, es crear vínculos rotativos donde se vayan agregando y recomendando grandes escritores de distintas nacionalidades... al menos dos por semana y cuyas obras por lo general, pasan desapercibidas por la falta de conocimiento, difusión, antiguedad de las obras o negligencia de los sistemas educativos. Muchas de estas obras escasean en las bibliotecas y librerias de provincia y las ediciones que llegan, cuando llegan, son aberrantemente caras, y aún cuando algunas circulan por internet, no lo hacen en la cantidad de formatos de las "piezas maestras" de Dan Brown o Benitez ... Y es que muchos no han tenido la dicha de ser digitalizados, por cuanto libre de todo fin de lucro y sin interés de perjudicar a las editoriales... Busco sólo difundir la obra de creadores muchas veces relegados al olvido...

Pd: No hay un orden ni preferencia, centro o márgen, cualquier punto es bueno para empezar el camino.



En esta ocasión he elegido a dos autores latinoamericanos, uno Chileno Juan Emar y el otro, un grandioso cuentista Peruano, Julio Ramón Ribeyro

11 cuentos de Ribeyro

El Unicornio - Juan Emar



(breve comentario y fragmento en post
Ciudad de Cristal )
La trilogia de Nueva York- Paul Auster

La tregua - Mario Benedetti.



(texto kafka - visionario ante las sociedades de control)
(video kafka nightmare y ante la ley )
Obras Completas- Kafka

boquitas pintadas - Manuel Puig


(realismo sucio) - Articulo en ideo-gráfico: Baldazo de mierda.

pulp - Charles Bukowski

Relatos - Raymond Carver

Ampliación del campo de batalla -Michael H.

Grandes Narradores LatinoAmericanos.

El Reino de este Mundo - Alejo Carpentier

Señor Presidente - Miguel Angel Asturias

Ficciones - Borges


Nueva Narrativa Norteamericana.

Easton Ellis - Psicopata Americano


Narrativa Latinoamericana.

Carlos Fuentes - Aura.

Vargas Llosa - Elogio de la madrastra.

Bolaño- La Literatura Nazi en América

García Márquez - El otoño del patriarca.

Donoso - El lugar sin límites.

Poesía Latinoamericana.

Cesar Vallejo - Poesía completa.

Enrique Lihn - Compilación.

Carlos de Rokha - Canto profético...

Oliverio Girondo - Poesía completa.

Cesar Moro - Tortuga Ecuestre.

En caso de necesitar algún material o querer realizar intercambios de información electrónica, pueden enviar consultas o pedidos
al mail carrollera@hotmail.com. Trataré de responder a la brevedad.

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Sábado, 8 Marzo 2008 14:55:27 GMT

Nota en el diario La estrella de Arica



En la edición del día sábado 8 de marzo, del diario La Estrella de Arica, aparece la nota adjunta, relativa al primer taller de narrativa del colectivo literario CLEPSIDRA:


http://media.ohlog.com/clepsidra_estrella.jpg





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Sábado, 8 Marzo 2008 07:36:11 GMT

Taller Literario Clepsidra.


d

Ayer culminó con éxito en la Universidad de Tarapacá el primer curso de narrativa del colectivo literario Clepsidra . El programa de estudio así como las clases, estuvieron a cargo del profesor y director artístico de esta entidad, Daniel Rojas Pachas.

Llevado a cabo de forma gratuita, durante toda la semana y de manera intensiva, dos horas y media de amena charla y entrega de elementos teórico-prácticos relativos al cuento y análisis de estructuras narratológicas, se concretó un acercamiento de la comunidad literaria de Arica. Escritores y ávidos lectores enfrascados en un nutrido diálogo con respecto a la perspectivas de creación y difusión y sobre todo aunados por el interés de mejorar la técnica y oficio.

"Lo más importante, de este primer proyecto, es el compromiso de continuar con empeños similares, en lo posible repetir la experiencia, cuyo principal fin fue promover y afianzar por iniciativa propia, la cultura local". Dijo el profesor.

Pudimos ver como destacadas figuras de las letras de la ciudad se dieron cita día a día, El grupo de escritores Rapsodas fundacionales encabezados por Luís Araya Novoa y José Morales Salazar, el escritor Nelson Gómez León y su esposa la profesora y también escritora Iris Fernández, el editor, cronista y creador de la voz de la pampa Reinaldo Riveros Pizarro, fueron algunos de los más de veinticinco asistentes con que se contó en cada sesión, lo que es un verdadero record en este tipo de empresas culturales. También es importante destacar la diversidad del grupo que reunió a escolares de media, universitarios y adultos de experiencia en el arte de narrar.

Antes de despedirse, el joven profesor recalcó la importancia de apoyar todo tipo de actividades tendientes a promover y potenciar la riqueza de nuestra región en el plano creativo, por eso dejo abierta la invitación al taller de conversación literario de Clepsidra que comenzará el próximo jueves 13 de marzo, también en las dependencias de la universidad, a partir de las 7:40 en el hall central, mayor información y consultas al mail: carrollera@hotmail.com





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Viernes, 7 Marzo 2008 05:14:57 GMT

Cuarta sesión del taller.




Cuarta Clase.



Objetivo de la clase: Analizar la estructura de la narrativa breve, tanto en la forma como en el plano del contenido, vinculando esto a los conocimientos previos o ya adquiridos, en el uso de ciertos recursos estilísticos o estéticos y retóricos o pragmáticos. Distinguir además, ciertas categorías intrínsecas de la narración corta y ver como esta se opone y diferencia de otras estructuras del género, como la novela.



IV.

a) Estructura de la narrativa breve.
d) Historia o fábula, discurso o trama
e) Espacio, tiempo, personajes, estilos.
b) El cuento moderno.
c) Análisis de sus rasgos.
Estructura del cuento.
Para comprender la estructura de la narración breve, es preciso realizar un análisis de los elementos que la componen y de que manera se relacionan, en contraposición a lo que ocurre en otras formas narrativas como la novela. Es mejor comprender la aplicación del espacio, tiempo, personajes y acciones en la fabula y trama, que reducir esto a través de conceptos o una simple definición como:



Un cuento es una narración corta en la que intervienen personajes que realizan acciones en un lugar y un tiempo determinado.



Sin embargo pese a lo vago de la conceptualización, saltan de inmediato a la vista, ciertos elementos. Espacio, tiempo, personajes, acontecimientos, elementos a desentrañar y que siempre están en toda narración e historia que sin embargo ya
vimos, sólo que interrelacionados, en función de como contamos, como decimos. O sea, la forma, = diseño del relato, de la trama o la narración.



tiempo
• orden ( anacronías : analepsis y prolepsis )
• duración ( pausa, alargamiento, escena, resumen, elipsis )
• frecuencia
modo
• distancia ( discursos : relatado, indirecto, indirecto libre, directo, directo libre, monólogo interior )
• perspectiva ( focalización : cero, interna, externa )
voz
• tiempo de la narración. tipos de narración según el tiempo (ulterior, anterior, simultánea, intercalada ).
• niveles narrativos : extradiegético, intradiegético, metadiegético




En lo narrado ahora, en la historia, fabula o plano del contenido, también son importantes de configurar.



Primero, son indisociables entre si.
Segundo actúan en proporciones distintas y de acuerdo a su mayor o menor, predominio dan origen a distintos tipos de historias. (si nos centramos en los acontecimientos, tendremos novelas de acción, si lo que importa es el tiempo tendremos los bildungsroman o novelas de formación, si son los personajes, el centro de atención, estaremos ante un relato psicológico y si nos importa más el diseño del lugar, del ambiente será uno espacial o de atmósfera.)



Por lo general, la novela se centra en los personajes, en oposición a ella, el cuento se fija más en una situación



El personaje en la novela puede ser el elemento fundamental, y su presentación ser tan o más importante que la acción, según de qué novela se trate. El personaje en el cuento está supeditado, al igual que todos los aspectos más arriba enunciados, a la trama y al acontecer.
La trama es imprescindible
Qué es la trama: Sencillo – la trama es un concepto que se opone al de fábula. Mientras que este se refiere al conjunto de acontecimientos de una historia según el orden causal y temporal en el que ocurren los hechos, la trama sería el relato de esos acontecimientos en la forma en que el autor o el narrador se los presenta al lector en la obra; en este sentido, no tiene por qué respetar la cronología de los sucesos.
(nosotros ya vimos la trama en función de cómo crearla, que elementos tenemos para ello, ahora vamos a verla ya constituida y en relación a la fabula, o sea los acontecimientos que se pretenden narrar. Forma y contenido en el arte no se pueden separar pero tampoco debemos confundirlos. )
La trama puede ser más o menos simple, más o menos compleja, pero no puede faltar en un cuento. (Lo que hace el cuentista es elegir un hecho: un escándalo, una traición, un homicidio, una incongruencia, un idilio, un lapsus, un desvío; y lo organiza en un cuento.) Para ello, combina la idea inicial, o punto de partida, con otros incidentes sucedidos o inventados en función de esa trama que, en realidad, es el cuento mismo.



La trama es el cuerpo de la historia. Siempre comienza con un problema o con una discrepancia que complica la historia. si no existe tal complicación, no hay trama. El problema o discrepancia que motiva la trama crea tensión narrativa. Esta tensión aumenta a medida que se desarrolla la historia. La trama comienza y se divide en varios episodios. Al final de la trama encontramos una acción transformadora que conduce al punto culminante de la historia.




División clásica de la trama
Introducción o presentación: Es la parte inicial, donde formalmente se da a conocer el ambiente en el que la historia se va a desarrollar. Se suelen detallar las características de los personajes principales (que puede incluir su pasado, presente, actitudes, psicología, etc.), las características del lugar (no siempre se define exactamente o quizás no se mencione en absoluto), el tiempo y el comienzo de la historia. En este punto los personajes empiezan a desarrollar el problema que se dará en el Climax de la historia.


Debe tenerse en cuenta que estas "piezas" no siempre se dan directa y completamente al lector. El autor puede presentarlas explícita o implícitamente, completas o incompletas, o no presentarlas en ningún momento, como parte de su estrategia narrativa.
Desarrollo, complicación o nudo: Aquí ocurre el punto culminante, la acción transformadora de la historia. Es el momento donde la tensión narrativa llega a su punto más alto. La tensión finalmente explota, supliendo la carencia indicada en el marco escénico y transformando la situación problemática que motivó la trama.



Desenlace final: El desenlace es la sección final donde alivia o disipa la tensión narrativa. Explica las consecuencias de la acción transformadora y describe la situación final de los personajes de la historia. Casi siempre implica una inversión de la carencia inicial.



Tipos de trama


Tramas de resolución
Terminan cuando